Por Solangel Ochoa
11:11
La visita del diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar a Sonora, en el marco del conversatorio Construyendo la Justicia, no es un acto menor. Esta gira nacional busca mucho más que difundir los principios de la reforma al Poder Judicial: es un nuevo ensayo de movilización para Morena. Y las cifras que ofreció el legislador no son casuales. Hablar de una meta de 30 millones de votos para el ejercicio del 1 de junio —sin competencia partidista formal, sin boletas oficiales, sin spots y sin financiamiento para campañas— es, en realidad, poner a prueba el músculo territorial del partido en el poder.
La cifra suena excesiva. En la revocación de mandato de 2022 votaron poco más de 16.5 millones de personas, de las cuales 15.1 millones lo hicieron a favor de que continuara el presidente Andres Manuel López Obrador. A pesar de que ese ejercicio tuvo en la boleta al propio mandatario —quien entonces gozaba de un 56% de aprobación—, la participación nacional apenas alcanzó el 17.77%. En Sonora fue incluso menor: 13.91%, con 300 mil votantes.

Hoy la situación es distinta. En la consulta judicial de 2025, AMLO ya no estará en las boletas. No hay un rostro que movilice emociones ni una narrativa de defensa al presidente. Lo que habrá es una operación pura de estructuras: líderes de sección, servidores de la nación, gobernadores, alcaldes y comités locales desplegados como una maquinaria afinada que busca confirmar su dominio territorial.
Y Morena no parte de cero. En 2022 gobernaba 20 estados. Hoy controla 24 de las 32 entidades federativas, tras las elecciones de 2024 donde arrasó en siete de las nueve gubernaturas en disputa. Su poder territorial cubre al 74% de la población mexicana. Este nuevo mapa le permite operar con una profundidad inédita, no solo para ganar elecciones, sino para construir legitimidad en ejercicios sin competencia real.
Además, con la reciente resolución del Tribunal Electoral, los gobiernos y poderes públicos están autorizados a promover la participación ciudadana usando recursos públicos. Eso significa que esta consulta será impulsada desde todos los frentes institucionales, mientras se presenta como un ejercicio ciudadano.
De ahí que hablar de 30 millones de votos no solo parezca inverosímil, sino innecesario. Incluso si Morena logra movilizar 20 millones de personas, ya habrá ganado algo más valioso que una cifra: la confirmación de que puede mantener activo y aceitado su aparato electoral entre elección y elección. Ya sea con consultas, plebiscitos o mítines en el Zócalo, Morena está en constante entrenamiento. Y eso es lo que realmente importa.
Este ensayo de movilización no es solo un ejercicio político: es una advertencia. Morena fue alguna vez el David de la historia democrática reciente. Hoy se ha convertido en un Goliat. Pero un Goliat que sí gana, que gana seguido y que no está dispuesto a dejar el poder. Cada consulta, cada mitin, cada gira, no solo fortalece su narrativa; refuerza su hegemonía.
Y si no hay condiciones mínimas de competencia frente a esa estructura, lo que se asoma en el horizonte no es una disputa equilibrada por el poder, sino una pelea desigual que desafía los principios del pluralismo. Una pelea de David contra Goliat. Solo que, esta vez, David no tiene muchas posibilidades.
Zoom político
Y hay más. En el evento del fin de semana de estuvieron presentes cuadros clave del morenismo en Sonora: el secretario de Gobierno, Adolfo Salazar Razo; el secretario de Educación, Froylán Gámez Gamboa; y el secretario del Bienestar, Fernando Rojo de la Vega. Todos ellos con peso propio dentro del movimiento, con capacidad de movilización territorial y —no es menor decirlo— con claras aspiraciones electorales. Especialmente Adolfo Salazar, quien suena ya como uno de los candidateables rumbo a la gubernatura en 2027. Su presencia no es fortuita: es una señal, una confirmación de que lo que está en juego en esta elección judicial es mucho más que una reforma técnica. Es también una oportunidad para medir fuerzas internas, enviar mensajes hacia dentro y hacia afuera, y colocar a los futuros protagonistas del próximo ciclo electoral.
Por eso, más allá del debate jurídico, lo que se está construyendo con esta elección judicial es una especie de plebiscito anticipado sobre el poder de Morena y su capacidad para seguir dominando el escenario político nacional… y estatal.


































