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Por Solangel Ochoa
El alcalde Jorge Elías Retes no da tregua. Pero no porque gobierne con ímpetu, sino porque cada decisión que toma genera más ruido que resultados. Luego del escándalo por el aumento al predial, mal planteado, mal comunicado y peor defendido, el Ayuntamiento anunció ayer un programa de “descuentos” para aliviar la carga de los contribuyentes. ¿La razón oficial? La sequía. ¿La razón real? La crisis política.
Conviene decirlo sin rodeos: esta medida no es producto de una reflexión autocrítica del alcalde. No es un acto de sensibilidad genuina ni un gesto de humildad pública. Es una corrección ordenada desde el gobierno estatal, una salida digna diseñada para apagar un incendio que, a estas alturas, ya se había salido de control.
Pero ni así. El discurso oficial se esfuerza en presentar la medida como un acto de responsabilidad social, como si el intento de aumentar el predial en plena crisis no hubiera existido. Como si no quedara claro que las cuentas no le salieron porque la ciudadanía, sencillamente, le dio la espalda.
Y lo hizo en el lenguaje más claro que puede tener una ciudadanía: resistiéndose a pagar.
Como ocurre en muchos municipios, la mayor parte de la recaudación del predial se concentra en los primeros meses del año. Sin embargo, este 2025, Navojoa reaccionó distinto. Hubo manifestaciones, hubo resistencia jurídica, y hubo quienes llevaron la pelea a los tribunales. De hecho, un juez terminó dándoles la razón, ordenando al Ayuntamiento devolver los cobros indebidos tras ganar un amparo.
No fueron marchas masivas ni escándalos mediáticos de gran escala, pero fueron acciones firmes, legítimas y suficientes para mandar un mensaje: la ciudadanía no se iba a quedar de brazos cruzados.
Ahora bien, esta historia no cierra aquí. Deja lecciones que no deberían ser ignoradas.
Primero, el Ayuntamiento no podrá intentar de nuevo esta jugada en el próximo presupuesto. La ciudadanía ya está alerta y difícilmente perdonará un segundo agravio.
Segundo, Palacio deberá pensar dos veces antes de respaldar cualquier ocurrencia del alcalde. El costo político y administrativo de esta crisis no fue menor.
Tercero, las y los diputados del sur tendrán que actuar con firmeza la próxima vez y evitar que una Ley de Ingresos ilegal avance por inercia o complacencia.
Más aún cuando el propio Jorge Elías, en lugar de asumir su responsabilidad, optó por culpar públicamente a los legisladores Claudia Bours, Amairany Peña, Próspero Valenzuela y Judas Mendívil, en un intento burdo de trasladar a otros un error que fue, desde el origen, suyo y solo suyo. Porque cuando se carece de argumentos, culpar siempre es más sencillo que rectificar.
Si algo ha quedado claro en este episodio es que Jorge Elías no sabe gobernar en colectivo, ni asumir las consecuencias de sus actos, ni construir consensos duraderos. Cada movimiento suyo enreda más el escenario político. Cada justificación apunta a otro. Cada corrección llega tarde, forzada por la presión y no por convicción.
Puros problemas este señor. Y lo más grave: todos autoimpuestos.
Sin embargo, incluso entre el despropósito, algo se salva.
Cuando la ciudadanía se decanta por la justicia y sostiene su dignidad, las presiones políticas encuentran cauce. Esta vez, el gobierno estatal no dejó solos a los navojoenses: corrigió donde el municipio se negó a escuchar.

































