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Por Solangel Ochoa
La tensión no es buena consejera, y mucho menos cuando se trata de la seguridad pública. El choque, cada vez menos disimulado, entre el Fiscal Gustavo Rómulo Salas y el ahora exsecretario de Seguridad Pública, Víctor Hugo Enríquez, terminó con lo que era inevitable: su renuncia. Una salida previsible, casi cantada, que deja entrever no solo la fractura interna en la coordinación de las instituciones de seguridad, sino también una apuesta por renovar liderazgos en un momento particularmente delicado.
El quiebre no fue de un día para otro. No era un secreto que la relación entre ambos mandos era ríspida, incompatible en lo operativo y en lo político. Y aunque la fuga de un reo del Cereso 1 de Hermosillo pareció ser la gota que derramó el vaso, lo cierto es que la decisión estaba tomada desde antes. La fuga, en todo caso, aceleró un proceso que ya venía gestándose.
La elección de su relevo, sin embargo, dice más de lo que parece. Con el nombramiento de Braulio Martínez Navarrete como nuevo titular de la Secretaría de Seguridad Pública, el gobernador Alfonso Durazo manda un mensaje claro: en tiempos de desconfianza, se apuesta por los leales. Y Braulio lo es. Marino de formación, con perfil técnico y operativo, pero sobre todo con algo invaluable en política: la confianza plena del mandatario.
Su trayectoria no es menor. Estudió en la Heroica Escuela Naval Militar, cuenta con una maestría en Administración y Políticas Públicas, y una especialidad en Mando Naval. Se ha desempeñado en distintos cargos dentro de la Secretaría de Marina, pero su cercanía con Durazo inició en un punto clave de su carrera: cuando este fue nombrado Secretario de Seguridad Pública federal en 2018. En ese entonces, Durazo tomó una decisión inusual, y políticamente significativa, solicitó que su equipo de ayudantía no estuviera integrado por personal del Ejército, como era la costumbre, sino por marinos. Braulio fue parte de ese cuerpo selecto.
Primero fue su jefe de ayudantía en la SSPC federal, luego se desempeñó como Coordinador Estatal de Ayudantía, Logística y Seguridad en Sonora, y desde el año pasado, como secretario particular del gobernador. Conoce los códigos de la Marina, los pasillos del poder, las intrigas palaciegas y, más importante aún, los tiempos de Durazo.
Pero no fue el único movimiento que encendió el tablero político en Sonora. Lo que sorprendió a propios y extraños fue la llegada de Paloma “La Mijita” Terán a la Coordinación del Sistema Estatal de Comunicación Social. Y digo propios y extraños porque Paloma no venía de un cargo menor: fue electa diputada local por el Distrito 07 bajo las siglas del PES, posición que le daba libertad, visibilidad y un presupuesto considerable para recorrer el estado y construir su figura.
Sin embargo, “La Mijita” ha sido enfática, desde tribuna y fuera de ella, en su defensa férrea del proyecto de Durazo. Y en política, la lealtad suele tener premio. Su cercanía personal con el gobernador ha sido evidente, y su incorporación al gabinete no solo la acerca al primer círculo del Ejecutivo, sino que la coloca como pieza activa de la estructura interna que Durazo ha ido tejiendo con perfiles jóvenes, disciplinados y, sobre todo, confiables.
No sabemos exactamente qué está calculando el gobernador, pero se sabe que este relevo no solo obedece a necesidades inmediatas, sino a una visión de largo aliento. Sería bueno recordar unas palabras que Durazo mencionó en un evento con jóvenes becados a Taiwán, en marzo pasado, donde dejó clara su apuesta generacional:
“Les quiero decir, de veras, con toda convicción, que no me he equivocado con ninguno de ellos. Estoy extraordinariamente satisfecho con su entrega, capacidad y compromiso social, que son para mí valores imprescindibles en quien pretende integrarse al Movimiento de Regeneración Nacional y convertirse, en algún momento, en servidor público.
Estoy también muy interesado en que mi gobierno quede registrado como uno que no solo apoyó a los jóvenes, sino que les abrió la puerta al mundo.”
Si esta es la visión del gobernador para los jóvenes que integran su gabinete, seguramente ve esos atributos en Terán. Y por eso, hoy también ella es parte del equipo que escribe, en tiempo presente, la historia política de Sonora.
Seguramente habrá quien cuestione las decisiones de Durazo, pero él mismo ha sido enfático en dos puntos desde su llegada: el primero, que al ser la primera vez que gobierna la izquierda en Sonora, era evidente que a su sexenio le tocaría la inevitable tarea de formar cuadros sin experiencia en la administración pública. Es un costo que se paga cuando se busca un cambio de paradigma democrático, y la ciudadanía lo sabía desde el principio. El segundo: que en aras de construir una nueva generación de políticos, está dispuesto a pagar el precio, aunque ese precio sea el constante escrutinio y el cuestionamiento público sobre sus decisiones.
Nota final:
Con la salida de Braulio Martínez de la Secretaría Particular, será inevitable un nuevo movimiento en esa oficina clave. Durazo necesitará a alguien que le siga el ritmo, que entienda su estilo de gobierno y, por supuesto, que cuente con su plena confianza. Todo indica que este reacomodo apenas comienza.

































